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Lucidez para emprendedores

La ventaja de no parecer perfecto

En 1972, George McGovern se encontraba en plena carrera hacia la presidencia de Estados Unidos, pero su perfil no era el de un candidato magnético.

Era serio, metódico, con una presencia más técnica que emocional, y le costaba generar cercanía con el público.

Hasta que, en una rueda de prensa, ocurrió un momento inesperado.

Mientras intervenía, le dio un sorbo a su café sin prestar demasiada atención. Estaba muy caliente, así que instintivamente lo escupió.

En lugar de fingir que no había pasado nada, reaccionó con naturalidad. Sonrió y comentó: Esto está ardiendo.

La sala respondió con risas.

En segundos, la imagen distante del político se transformó.

Ya no era solo un candidato cuidadosamente medido, era alguien reconociblemente humano.

Ese gesto, trivial en apariencia, generó un tipo de conexión que ningún discurso perfectamente preparado habría conseguido.

La perfección genera admiración. La imperfección bien situada genera conexión, y la conexión, en muchos contextos, es más valiosa que la admiración.

K

A mediados de los años sesenta, el psicólogo Elliot Aronson llevó a cabo un experimento que ayudaría a entender mejor cómo percibimos a los demás.

Pidió a distintos grupos de participantes que evaluaran a varias personas en un contexto simulado. Entre ellas había individuos claramente competentes y otros con habilidades medias.

Pero el experimento introducía una variable inesperada: algunos de los más competentes cometían pequeños errores durante la interacción. Gestos mínimos, como derramar una bebida o mostrar un despiste puntual.

El resultado fue revelador.

Las personas altamente competentes que mostraban pequeñas imperfecciones eran evaluadas de forma más positiva que aquellas que parecían impecables.

Por el contrario, quienes no mostraban ningún fallo eran percibidos como fríos o inaccesibles.

A este fenómeno se le conoce como el efecto Pratfall.

La idea es sencilla: un error leve, en el contexto adecuado, no debilita la percepción de alguien. Puede reforzarla, porque introduce algo esencial en la relación humana: autenticidad.

Este principio ha sido utilizado, consciente o inconscientemente, por líderes, marcas y comunicadores.

Por ejemplo, Herb Kelleher, fundador de Southwest Airlines, demostró el mismo principio en el mundo de los negocios. 

Dirigía una de las aerolíneas más exitosas de Estados Unidos, pero nunca se comportó como el típico director ejecutivo.

Mientras otros CEOs cultivaban una imagen seria y distante, Kelleher aparecía disfrazado en eventos corporativos, contaba chistes en las reuniones y se reía de sí mismo en público.

A primera vista parecía una estrategia extraña, pero la combinación de su sentido del humor y su capacidad para no tomarse nada demasiado en serio resultó extraordinariamente poderosa.

Mientras muchas empresas intentaban parecer perfectas, Southwest construyó una cultura basada en la cercanía.

La lección es incómoda para quienes persiguen una imagen impecable.

Al final, la perfección impresiona, pero la imperfección convence.