Hoy he leído un email del escritor y conferenciante Raimon Samsó en el que decía que muchas personas (en torno al 85%) tienen un trabajo que no aman y hacen cosas que no le agradan para ganar un sueldo que tampoco les satisface.

Es curioso que en un porcentaje tan alto, con el empleo convertido en la anti receta para cumplir sueños, tanta gente permanezca aferrada a algo que cada día entierra un poco más sus verdaderas aspiraciones.

Antes de compartir el testimonio de éxito que hoy te traigo, me gustaría reflexionar un poco sobre esto. Ponerle cara también al fracaso y averiguar en qué punto te encuentras tú. 

¿En qué punto te encuentras?

Te invito, si te apetece, a escribir en los comentarios tu caso para que podamos seguir charlando.

✔ ¿Sientes que eres invisible, desconocido o que estás poco  valorado y sobrevives con todas las desventajas de un trabajo por cuenta ajena?

✔ ¿Tomaste la decisión de emprender tu propio proyecto pero careces de unos buenos ingresos y tu situación como freelance o autónomo te está agotando?

✔ ¿Lideras un proyecto propio con resultados, pero no dispones del tiempo suficiente y sientes que vives para trabajar en vez de trabajar para vivir?

Si te has sentido identificado con alguna de estas situaciones, déjame saberlo al final del post. 

Al principio de este artículo escribí sobre la frustración de muchas personas que trabajan por cuenta ajena. Del otro lado están quienes ya dieron el paso de emprender para dedicarse a su verdadera pasión, pero no les ha ido demasiado bien.

¿Por qué?

Bueno, respuestas a esta pregunta hay muchas.

Gente que se queda en la estacada y gente que triunfa

Lo he visto con mis propios ojos después de llevar varios años acompañando a emprendedores y empresarios en sus carreras como profesionales del e-commerce.

He visto a personas que toman la decisión de cambiar su vida laboral, pero no sé muy bien por qué extraño motivo invierten en cursos o formaciones que ni siquiera terminan, o peor aún, que ni siquiera comienzan.

También los hay que inician, prueban, se equivocan y se rinden a la primera. Quizás porque en algún punto creyeron que esto del emprendimiento es coser y cantar. Gran mentira. 

No me cansaré de decir que esto es un trabajo de fondo, y que hasta las personas más exitosas del planeta, esos a quienes hoy vemos liderando los rankings de la revista Forbes y otros medidores de la riqueza y el triunfo, han tenido que levantarse tras caerse más de una, dos y tres veces. 

Y sinceramente, solo a los convencidos desde el principio, a los que han aguantado las hostias, con perdón, y se han mantenido firmes en su idea de lograrlo, solo a ellos, los he visto alcanzar metas y objetivos.

Es el caso del testimonio que te traigo hoy. Mira el vídeo y después seguimos.

Real como la vida misma.

¿Fue fácil? No. ¿Fue rápido? No. Pero mereció la pena. 

Lo tienes en la frase que compartí para tuitear. A veces, el fracaso es una oportunidad para empezar de nuevo. Con más tablas, menos riesgos, más destreza.  

Si quieres salir del hoyo, pero de verdad, lo mejor es inventarte las soluciones o mover cielo y tierra hasta encontrarlas, y cuando le veas la cara a tu verdadera motivación, iniciar el camino, levantarte si tropiezas y no distraerte. 

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